viernes, 21 de febrero de 2014

Transiberiano 4 (2013) El lago Baikal, un gigante siberiano

Casas y bosques en Listvianka. César Mª Aguilar
Para conocer la región del lago Baikal nos acercamos hasta la población de Listvianka. Allí acuden los rusos a pasar sus vacaciones, a disfrutar de las vistas del “lago-mar” y a sacarse de encima el frío del helador invierno siberiano. Las jornadas de sol de primavera y verano contribuyen a ello. Pero el lago Baikal no es un sitio de veraneo más, es un lugar realmente singular con unas proporciones difíciles de imaginar al verlo dibujado en un mapa. De norte a sur tiene unos los 600 kilómetros de largo y de ancho ronda los 80 kilómetros. También es uno de los lagos más profundos del mundo con más 1600 metros.




jueves, 13 de febrero de 2014

Transiberiano 3 (2013) Kazán-Ekaterinburgo-Irkutsk

Viajando en clase "plascard". Foto:Iratxe Gonzalez
Tras la parada de Kazán de nuevo al tren y hasta Ekaterimburgo. Esa ciudad está situada ya a unos 1600 kilómetros de Moscú y, aunque en ese trayecto el paisaje apenas cambió mucho, había un hito en él que no quería pasarme de largo: los Urales. Cuando contemplas un mapa de Rusia destaca esa larga cordillera que, de norte a sur, parte el país en dos. Al oeste de los Urales está la llamada Rusia europea, hacia el este la auténtica Siberia. Sin embargo, los Urales son poca cosa por el sitio que los cruza el transiberiano. Los pasamos sin darnos cuenta... sí allí se veían unas colinas más boscosas con más abedules, pinos y abetos. Poco más.

martes, 4 de febrero de 2014

Transiberiano 2 (2013) Entre Moscú y Kazán

Salida del transiberiano en Moscú. César Mª Aguilar
Coger un tren nocturno te priva de las vistas del paisaje, pero te permite avanzar más rápido mientras descansas y te ahorras una noche de alojamiento. Pensé que me perdería una parte del paisaje en esos trayectos, pero como pasas tantas horas en el tren tampoco es tanto lo que dejas de ver. Hasta llegar a Kazán todo el paisaje era una llanura continua donde se iban alternando los bosques de abedul y los pinares de lo que parecían pinos silvestres. La taiga. No se trataba de un bosque continuo sino abierto con  tramos de pastos, herbazales y suelos turbosos. Las cunetas estaban florecidas y el tiempo era soleado, así que con solo mirar por la ventanilla tenía entretenimiento para rato.



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