miércoles, 12 de abril de 2017

Nueva Zelanda 5 (2016) Los bosques de kauris de Waipoua

Kaurí (Agathis australis) en Waipoua. C. Aguilar.
Hubo un tiempo en que buena parte de la isla norte de este país estuvo cubierta de densos bosques de kauris (Agathis australis). Esta especie es una conífera endémica de Nueva Zelanda, de la familia de las araucarias, que alcanza portes excepcionales. Uno de los lugares para verlos en su esplendor es el bosque de Waipoua.

Waipoua fue declarado reserva en 1952 gracias a la presión popular, en especial de la comunidad maorí que tiene una gran identificación con estos árboles. En este bosque quedan los ejemplares más antiguos y de mayor porte de la especie en Nueva Zelanda.




Varias especies de helechos. Fotos: César Mª Aguilar.
En los bosques de kauris no solo crece esta especie. La vegetación es variada y exuberante ya que se desarrolla en un clima subtropical donde los helechos, los musgos y los líquenes alcanzan una gran diversidad.

Entre las formas más singulares que me llamaron la atención están los helechos riñón (Trichomanes reniforme), con sus frondes ovalados que recuerdan a ese órgano, o los helechos film (Hymenophilum sp) con un fronde que tiene un espesor de una sola célula, algo así como sucede en las capas de una cebolla. También singular es el helecho trepador Lygodium articulatum con unos frondes terrestres estériles completamente diferentes a los que desarrolla, ya sobre el árbol, para su reproducción. 



Helechos arborescentes. Foto: César Mª Aguilar.
Pero a nivel de paisaje los que más destacan son los helechos arborescentes. Entre ellos el helecho arbóreo plateado (Cyathea dealbata) que puede superar los 12 metros. Esta especie es común y está muy extendida en Nueva Zelanda, especialmente en la isla norte, y se reconoce por el color blanquecino del envés de sus frondes.

Recorrimos Waipoua bajo la lluvia, como corresponde a un lugar con ese clima. Hoy en día parte de los senderos en torno a los grandes kauris están sobre pasarelas elevadas, una medida que evita el pisoteo de sus raíces superficiales, que al parecer son muy importantes y delicadas en esta especie.
  


Kaurí (Agathis australis) en Waipoua. I. González.
Visitamos algunos de los más grandes kauris conocidos como el Te Matua Ngahere, el “padre del bosque” en maorí, con una edad estimada por encima de los 2000 años y unos 5 metros de diámetro. Los kauris tienen una estructura extraña que, en cierto modo, recuerda a árboles emergentes de las selvas tropicales como las ceibas.

Tienen troncos que crecen completamente rectos con una corona de ramas a gran altura. Como muchas otras especies de estos bosques tienen una corteza fina que se desprende, lo que se ha interpretado como una adaptación para quitarse de encima a las numerosas epífitas trepadoras que crecen en este clima.



Gran "pepita" de ámbar kaurí. Foto Museo del Kauri.
La madera de kauri es de gran calidad y fue muy utilizada para la construcción de edificaciones y en todo tipo de infraestructuras. La avidez por estos gigantes del bosque estuvo a punto de acabar con ellos en poco más de un siglo de explotación.

Además de por su madera, los kauris interesaban por su resina y muchos fueron sangrados trepando a sus troncos con cuerdas para obtenerla. Luego descubrieron que el ámbar de su resina también se conservaba en ciénagas y turberas donde habían muerto los árboles cientos y miles de años atrás y se desató una explotación de las ciénagas.

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